Otra manera de viajar y descubrir el norte de España
Laura López Fraile, jefa de Planificación y Seguimiento del Negocio
El norte de España esconde una de las experiencias ferroviarias más singulares y exclusivas del mundo: el Tren Transcantábrico. Este convoy, que serpentea por la cornisa cantábrica entre San Sebastián y Santiago de Compostela, no es solo un medio de transporte, sino un auténtico hotel de lujo sobre raíles. Viajar en él supone detener el tiempo, dejarse llevar por la cadencia del tren y descubrir los paisajes verdes, los acantilados y la historia viva de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco desde la comodidad de un vagón clásico con todo el refinamiento contemporáneo.
El Tren Transcantábrico nació en 1983, fruto de la antigua compañía FEVE, con la idea de crear un “crucero sobre raíles” por el norte de España. En sus más de cuatro décadas de vida, ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo del turismo ferroviario de lujo. Sus coches Pullman de 1923, restaurados con mimo, conservan el encanto del pasado, pero incorporan la tecnología y el confort del siglo XXI. Hoy, bajo la denominación “Gran Lujo”, el Transcantábrico ofrece una experiencia exclusiva y personalizada, con capacidad muy limitada y una atención al viajero que recuerda a la de los grandes trenes legendarios del mundo.
El interior de sus vagones combina madera noble, tapicerías cálidas y una cuidada iluminación que evoca la elegancia clásica. Cada suite dispone de salón, dormitorio y baño privado, con todos los detalles pensados para el descanso. Los coches salón, auténticas joyas del patrimonio ferroviario, acogen zonas de lectura, una pequeña biblioteca y un coche pub donde, por las noches, suena música en directo mientras el tren reposa en alguna estación del norte. La gastronomía ocupa un lugar central en la experiencia: los menús elaborados a bordo y en restaurantes seleccionados a lo largo del trayecto rinden homenaje a la cocina del Cantábrico, con productos frescos y recetas tradicionales reinterpretadas con esmero.
El recorrido más completo del Tren Transcantábrico dura ocho días y siete noches, enlazando San Sebastián y Santiago de Compostela —o a la inversa—, con paradas en lugares emblemáticos de las cuatro comunidades que atraviesa. Existen también rutas más breves, de tres o cuatro noches, que permiten disfrutar de la esencia del viaje con menor duración. En cada jornada, los viajeros se despiertan en un nuevo paisaje y descubren, sin hacer ni deshacer maletas, ciudades monumentales, villas marineras y paisajes naturales de gran belleza. Entre los destinos más destacados figuran la villa medieval de Santillana del Mar, la Cueva de Altamira, las costas de Llanes y Gijón, el encanto urbano de Oviedo y la solemnidad de la Catedral de Santiago, punto final de tantos caminos.























