Un espacio de divulgación científica que conecta pasado, presente y futuro de la ciencia y la tecnología en España
María Viña, jefa de sección MUNCYT A Coruña
En la ciudad de A Coruña se encuentra una de las dos sedes principales del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT), un espacio que trasciende el mero formato del museo clásico y apuesta por acercar la ciencia y la tecnología a toda la ciudadanía. Desde su inauguración en mayo de 2012, la sede coruñesa ha operado desde el singular edificio conocido como “Prisma de Cristal”, diseñado por los arquitectos Victoria Acebo y Ángel Alonso.
Exteriormente un cubo traslúcido de vidrio que capta la luz del Atlántico, en su interior revela una doble estructura: un gran árbol de hormigón alberga los servicios, oficinas, talleres y dependencias, mientras que el espacio entre éste y la envoltura acristalada alberga las salas de exposición, con diferentes alturas y perspectivas que invitan al visitante a un recorrido en tres dimensiones.
La colección de este museo estatal de titularidad del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades incorpora más de diecinueve mil bienes culturales, que alcanzan desde instrumentos científicos del siglo XVI hasta tecnología contemporánea: aparatos de laboratorio, máquinas industriales, instrumentos de navegación, vehículos de transporte… todos ellos testigos del avance científico-tecnológico en España.
Pero más allá de la mera exhibición, el museo se propone como espacio de reflexión, conocimiento y descubrimiento: qué significa investigar, cómo la tecnología transforma nuestras vidas, de qué modo el patrimonio científico es parte de nuestra memoria colectiva.
La ubicación de esta sede en A Coruña no es casual: se inscribe en una tradición de divulgación científica que la ciudad ha cultivado con instituciones como la Casa de las Ciencias o la Domus, lo que refuerza la conexión entre ciudad, ciencia y comunidad. De hecho, el museo ofrece también actividades para diferentes públicos: talleres didácticos, exposiciones temporales, ciclos de conferencia, programaciones especiales, y actividades accesibles para personas con discapacidad auditiva o visual.
La entrada es gratuita para todas las exposiciones, lo que favorece el acceso a un amplio abanico de visitantes —familias, escolares, personas adultas— y refuerza su papel como espacio público.
Caminar por el museo es encontrarse con fragmentos de historia tecnológica que resultan poderosos: una cámara fotográfica antigua que formó parte de reportajes históricos, un microscopio que ayudó a docentes y alumnos, máquinas que transformaron industrias enteras. Cada una de estas piezas está catalogada, estudiada conservada y puesta a disposición del público para provocar preguntas, no solo admiración. El museo invita a reflexionar sobre el paso del tiempo, la evolución de la ciencia y la tecnología y cómo ese desarrollo afecta tanto al individuo como a la colectividad.























